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Tecla · Cuerda pulsada por tecladoEl antepasado directo del piano, y un instrumento con voz propia que la música antigua ha recuperado con fuerza en las últimas décadas. Suena siempre igual de fuerte, pase lo que pase con los dedos.

El clave produce su sonido pulsando la cuerda con una púa —tradicionalmente de pluma de ave, hoy casi siempre de plástico— en lugar de golpearla con un martillo como el piano. Esa diferencia mecánica tiene una consecuencia enorme: el volumen del sonido no depende de la fuerza con la que se pulse la tecla, así que el clave siempre suena con la misma intensidad, algo que puede sorprender a quien viene del piano.
Fue el instrumento de tecla dominante en Europa desde el Renacimiento hasta bien entrado el siglo XVIII, cuando el piano, con su capacidad de variar el volumen, terminó por sustituirlo casi por completo en los escenarios, aunque nunca llegó a desaparecer del todo.
El clave pertenece a la familia de tecla pero, mecánicamente, está más emparentado con la guitarra o el arpa —cuerda pulsada— que con el piano —cuerda percutida—. Existen variantes de tamaño y de número de teclados, desde el virginal, más pequeño y con un solo juego de cuerdas, hasta el clave de doble teclado usado en el repertorio francés más virtuosístico.
La construcción de claves siguiendo modelos históricos —flamencos, franceses, italianos— es hoy un oficio artesanal muy especializado, y muchos intérpretes profesionales encargan su instrumento a un constructor específico según el repertorio al que quieran dedicarse.
Un clave nuevo construido por un luthier especializado cuesta, como mínimo, entre 6.000 y 15.000 €, muy por encima del piano de entrada, ya que se trata de un instrumento artesanal casi sin producción en serie. El mercado de segunda mano y los kits para montarlo uno mismo son las vías más habituales para reducir ese coste inicial.
Por eso, la inmensa mayoría de quien empieza a estudiar clave lo hace con el instrumento del conservatorio, y solo se plantea comprar uno propio en una fase avanzada de su formación o ya como profesional.
El clave se desafina con mucha más facilidad que el piano —los cambios de humedad y temperatura lo afectan de forma casi inmediata— y es habitual que el propio intérprete lo afine antes de cada ensayo o concierto, a diferencia del piano, que requiere un afinador profesional.
Las púas, hoy normalmente de plástico (delrin), se desgastan y hay que sustituirlas de vez en cuando, una tarea que también suele hacer el propio clavecinista con herramientas específicas, ya que no es un mecanismo tan complejo como el del piano.
El clave no tiene presencia en la banda de música ni en la orquesta sinfónica moderna: su terreno es la música antigua, la música de cámara barroca y el "continuo", el acompañamiento armónico que sostenía buena parte de la música de los siglos XVII y XVIII, tocado en directo a partir de una base de bajo cifrada.
Es, junto a los conjuntos de música antigua e instrumentos históricos, uno de los pilares de la recuperación del repertorio barroco español, un movimiento en el que agrupaciones como Harmonia del Parnàs, en la Comunidad Valenciana, han tenido un papel destacado.
Wanda Landowska fue la figura decisiva en el "redescubrimiento" del clave a principios del siglo XX, cuando el instrumento llevaba más de un siglo prácticamente desaparecido de los escenarios en favor del piano: su labor como intérprete y como impulsora de nuevos instrumentos inspirados en modelos históricos sentó las bases del movimiento de música antigua actual.
Gustav Leonhardt, más adelante, consolidó la interpretación históricamente informada del repertorio barroco con clave, y su influencia se extiende hasta los conjuntos de música antigua que hoy programan este repertorio con instrumentos y criterios de época.
Las Variaciones Goldberg de Bach son la obra de referencia absoluta del repertorio de clave, junto a buena parte de su producción para teclado, concebida originalmente para este instrumento antes de que el piano se convirtiera en el estándar. Las Sonatas de Domenico Scarlatti, compuestas en la corte española, y las de Antonio Soler, que fue su alumno, forman un capítulo propio y muy relevante del repertorio español para el instrumento.
El repertorio de música antigua española en general —de Cabezón a Soler— es, junto al de Bach y Scarlatti, el territorio natural del clave, y una de las áreas donde España tiene un patrimonio propio todavía por difundir mucho más de lo que se hace hoy.
El clave se estudia como especialidad propia dentro de los departamentos de música antigua de los conservatorios superiores: la Escuela Superior de Música de Cataluña (ESMUC), el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid y el Conservatorio Superior de Música "Joaquín Rodrigo" de Valencia cuentan con esta especialidad, aunque con menos plazas que el piano por tratarse de un instrumento más minoritario.
Muchos claveciniferos llegan al instrumento después de haber estudiado piano, y hacen la transición durante los estudios superiores o de posgrado, especializándose entonces en música antigua e interpretación históricamente informada.
Precio de referencia para empezar: 6.000 € (instrumento nuevo).
Según esta guía, tiene una dificultad de aprendizaje alta.
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